Rosquillas de mi madre

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Hace unos tres o cuatro años, una tarde de un domingo cualquiera, le pedí a mi madre que se pusiera a hacer rosquillas conmigo; quería aprender su receta porque siempre las había hecho ella y ella misma se encargaba de repartirlas. Por ese motivo, porque ella las hacía tan ricas, yo solamente me dedicaba a comerlas pero nunca había dado el paso y aquella tarde me pareció el momento idóneo para aprender. “Qué mejor forma, pensé, que aprender con ella, viendo como mezcla, cómo bate y cómo las forma”

Mi madre en la cocina lo hacía casi todo a ojo: pizcas, pellizcos, “lo que pida la masa”…expresiones que a ella le parecían tan obvias que se extrañaba cuando yo insistía en buscar su equivalencia. Así que con los ingredientes que ella me dijo nos pusimos a ello y por fin aprendí a elaborar las rosquillas de toda la vida de nuestra casa. La receta la dejé escrita escrita en mi cuaderno y hoy la rescato aquí.

Supongo que mucha gente sabrá cómo hacerlas, aunque también creo que es de esos postres a los que, aún partiendo de los mismos ingredientes, cada uno damos nuestro punto personal y no hay rosquilla igual a otra.

Puede ser que la mayor diferencia resida en el aroma que añadimos a la masa, siendo lo más habitual echar anís en forma de licor o anises en grano; también la naranja y el limón son dos clásicos aromatizantes de las rosquillas.

Valga esta sencilla receta como homenaje a mi madre en el primer aniversario de su muerte; su recuerdo de aquella tarde, en la que nos pusimos a ejercer de reposteras, me acompaña cada vez que la elaboro y cada día que me ato el delantal para andar entre mis fogones.

INGREDIENTES

  • 2 huevos
  • 75 gr. de azúcar
  • Zumo (unos 50-60 ml.) y ralladura de una naranja
  • 75 gr. de aceite de girasol ( o de oliva si se prefiere)
  • 300 gr. de harina
  • 8 gr. de polvos de hornear (levadura en polvo Royal de siempre, medio sobre)
  • Anises a gusto o bien 30 ml. de licor de Anís
  • Aceite de girasol para freír
  • Azúcar para espolvorear las rosquillas

PREPARACIÓN

Batir los huevos con el azúcar enérgicamente para que se aireen bien.

Añadir a la mezcla de huevos el zumo de naranja y la ralladura. Si se usa licor de anís, este es el momento de echarlo. Mezclar.

Añadir el aceite y mezclar.

Mezclar la harina con los polvos de hornear y los anises en grano.

Por último echar la harina en dos o tres tandas e ir amasando a mano. Si se prefiere utilizar una espátula, mejor al principio y luego seguir con las manos. Es muy gustoso amasar y mancharse.

Dejar un momento la masa en reposo en el bol mientras se prepara una sartén honda con abundante aceite de girasol.

Con las manos embadurnadas de aceite, se cogen trozos de masa y se hace rodar entre las manos hasta formar un pequeño churro que se une por los extremos formando la rosquilla.

Se pone a calentar la sartén con el aceite y cuando esté bien caliente se echan varias rosquillas a freír, unas cuatro o seis cada vez en función del tamaño de nuestra sartén ; hay que tener en cuenta que el aceite no esté demasiado caliente porque se quemarían las rosquillas por fuera sin hacerse por dentro. Conviene echar la primera y observar si se fríe demasiado regulando un poco la temperatura según las vayamos haciendo. Esto es fácil verlo, cualquier fritura sigue la misma pauta con el aceite.

Sacar las rosquillas con una espumadera a una fuente con papel absorbente y a los tres o cuatro minutos pasarlas a otra limpia.

Si se desea, en caliente aún, se bañan en azúcar o se espolvorean con azúcar glas.

En mi casa, se comían tal y como salían de la sartén, sin añadir nada.

Más cosas

Últimamente se habla de polvos de hornear para tratar de ser más correctos a la hora de diferenciar entre levadura fresca como fermento vivo, levadura seca y polvos para hornear; tres cosas diferentes pero que ayudan a que nuestros pasteles y bizcochos suban en el horno. Iremos utilizando cada vez más la terminología adecuada en cada caso, teniendo en cuenta que los polvos de hornear son una mezcla de bicarbonato, ácido tartárico y un secante y que tradicionalmente lo hemos llamado por su nombre comercial levadura Royal aunque no sea levadura como tal.

Es importante mantener el aceite limpio; si se hacen más rosquillas conviene cambiarlo o colarlo para asegurarnos de que no se adhieren restos quemados que se quedan en la sartén.

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