Hojaldres de queso y cebolla (aperitivo)

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Del término “aperire” en latín (abrir en español) deriva la palabra aperitivo que significa bocado pequeño para abrir el apetito. Mejor definición creo que no hay para explicar cómo una porción pequeña de comida estimula las ganas de seguir comiendo, siendo el primer paso en la degustación de un menú elaborado en casa o fuera de ella.

En general, con los entrantes de toda la vida se acierta y son del agrado de casi todo el mundo: hablo de la tortilla de patatas, del embutido y de los pinchos que acompañados de una cerveza o vino nos alegran el comienzo de la comida. Pero no está mal lucirse de vez en cuando y ofrecer ideas diferentes, fáciles de preparar y que cumplan la función de pequeño bocado apetecible y sabroso.

Este entrante se transforma también en una cena excelente, rápida y ligera, si se prepara con porciones de hojaldre más grandes y con más cantidad de ingredientes. Estos varían según los gustos y las ganas de comer que se tengan; así pues son ricos los quesos de cabra o feta, el tomate seco, la cebolla caramelizada, el bacon, la mermelada de pimientos o de tomate, las anchoas y aceitunas y cualquier otro alimento que se nos ocurra y que tengamos a mano. Yo los he hecho en varias ocasiones y los que presento hoy son mis favoritos.

La parte más entretenida de esta receta es el confitado de la cebolla que sin ser un proceso difícil requiere echar un buen rato y tener paciencia para que el resultado sea el esperado. Se puede confitar con o sin azúcar; en esta receta va sin azúcar añadido de ningún tipo para lo que he usado cebollas blancas, dulces, habituales en nuestra despensa. Pero… si no se tiene tiempo de confitar cebolla o no nos apetece gastar ese tiempo en este menester siempre podemos recurrir a envasados de calidad que nos facilitan el trabajo.

Ahí va la receta.

Ingredientes


(para 6 hojaldres cuadrados de 10x10)

  • Una plancha de hojaldre
  • 6 cucharadas de aceite de oliva
  • 3 cebollas blancas
  • Un pellizco de sal
  • Un paquete de queso feta o rulo de cabra
  • Unas tiras de bacon
  • Aceitunas
  • Romero

Preparación

Pelar las tres cebollas y cortarlas en juliana lo más fina posible.

Poner en una sartén seis cucharadas de aceite de oliva y cuando esté caliente echar las cebollas y una pizca de sal.

Mantener a fuego bajo durante 40-45 minutos removiendo de vez en cuando para que la cebolla no se pegue, se haga por igual y vaya evaporando el agua.

Cuando está hecha, con un color dorado suave, muy blanda y casi transparente, colocar en un colador sobre un bol para eliminar el exceso de grasa. Reservar.

Sacar la plancha de hojaldre de la nevera para que se vaya templando.

Mientras se hace la cebolla, desmenuzar con los dedos el queso feta y trocear las tiras de bacon; si el queso elegido es de cabra, hacerlo rodajas.

Poner a calentar el horno a 180º arriba y abajo.

Sobre un papel de horno, estirar la masa de hojaldre y cortar cuadrados, rectángulos o la forma que se desee. En este caso, 6 cuadrados de 10x10 cm.

Sobre cada pieza, poner en el centro, DEJANDO LOS BORDES LIBRES, una cantidad de cebolla, encima el queso desmenuzado, el bacon troceado y espolvorear hojitas de romero, adornando con alguna aceituna si se desea.

Meter la bandeja con los hojaldres sobre el papel en el  horno a 180º  durante 15 minutos o hasta que se vean dorados los hojaldres.

Más cosas

Hay marcas buenas en el mercado que pueden utilizarse en vez de confitar la cebolla en casa; se ahorra tiempo y si son de calidad, el resultado es realmente bueno.

Si se quiere dar más sabor a este aperitivo, van bien unas anchoas en vez del bacon.

El tomate seco en conserva de aceite es también una alternativa a la cebolla, incluso ambas preparaciones las he probado juntas y el tomate le da un toque ácido muy interesante.

Si algo he aprendido a lo largo del tiempo es a leer detenidamente la receta, preparar los ingrediente en las cantidades necesarias y empezar entonces a elaborar el plato. No siempre por darse más prisa el resultado es mejor, suele ocurrir lo contrario. De ahí la buena costumbre de tener a mano todo preparado con antelación. En los cursos de cocina insisten mucho en esta buena práctica.

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